jueves, 23 de julio de 2015

Resiliencia de la ciudad, gestión urbana de la prevención de catástrofes

¿Qué es la resiliencia urbana? El concepto resiliencia se refiere a la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones de adversidad, en términos de urbanismo significa la gestión y estrategias tácticas implementadas en la planificación del crecimiento de la ciudad, tendientes a la prevención de posibles catástrofes.

La ciudad es hoy un gran problema para el planeta en el que vivimos. Al mismo tiempo, es el único lugar en el cual las soluciones son posibles de ser encontradas, planteadas e implementadas.

La pérdida, transformación, reducción y saturación de la naturaleza en donde las ciudades se originaron y crecieron trae además otras consecuencias más profundas y alarmantes por su efecto en los procesos climáticos.

En un lado del espectro desde el cual mirar a la ciudad nos encontramos cada vez más con la imagen de la pobreza y el “crecimiento desigual”, con una población urbana cada vez mayor y una capacidad de sostenerla cada vez menor si no es pensada de un modo empático con la naturaleza e inclusiva desde lo social.

Desde otro lado del espectro, ligado puramente al consumismo, real y visual, y a la idea de la “ciudad como marca” y la del “ciudadano del mundo”, respectivamente enraizadas en los conceptos de marketing y globalización, algunas ciudades icónicas aparecen como la meca de la belleza urbana, el glamour, la tradición, las escenografías de los comerciales de perfume, destinos soñados y centros de poder económico y político.

Esta contradicción se retroalimenta con la realidad del crecimiento desigual, ya que esa ciudad bella y soñada solo puede ser accesible para unos pocos. Sin embargo, existe como tal, afortunadamente, y aunque enmarcadas en la situación compleja y preocupante del presente, tanto desde lo ambiental como lo social, las ciudades bellas se despliegan estoicas, sobrevivientes del mismo mal del que son gestoras. El mal de la ciudad no es el ser ciudad sino que su éxito, aunque probablemente relativo, es su mayor riesgo.

La ciudad sigue atrayendo, absorbiendo y fomentando cada vez más habitantes, cuya dinámica de vida dependiente de la utilización de los recursos naturales del suelo y del agua (y la energía generada en base a los mismos) hace que el paisaje natural, que una vez fue origen de todo, se pierda, se transforme, se reduzca y se sature. Este crecimiento desaforado y nocivo y, en gran medida, no planificado, tiene que ver con el mercado y el desarrollo automotor e inmobiliario, con el aumento de la vivienda espontánea, refugio de la pobreza, y con la falta de políticas de uso de la tierra.

La pérdida, transformación, reducción y saturación de la naturaleza en donde las ciudades se originaron y crecieron trae además otras consecuencias más profundas y alarmantes por su efecto en los procesos climáticos. Cíclicamente, estos procesos afectan al desarrollo y supervivencia de las ciudades, sus bordes y sus estructuras predominantes.

Cambio. Y entonces, nuevas medidas y nuevas prácticas, nuevos pensamientos y nueva conciencia. Entre tanto nuevo, y superando el ya viejo aunque para nada dejado de lado concepto de sustentabilidad, tres conceptos complementarios entre sí aparecen como posibilidades de redención urbana: la resiliencia, el urbanismo táctico y la estrategia global.



La resiliencia, sobre todo en relación a los eventos peligrosos generados a través del cambio climático, aparece como la capacidad de absorber cambios y adaptarse a ellos manteniendo ciertas características intrínsecas. Un ejemplo claro son los nuevos bordes, conformados por áreas verdes y humedales, al sur de Manhattan, para contrarrestar los efectos de posibles huracanes, cambios en las mareas y en los niveles del mar.

El urbanismo táctico, en relación a problemas y necesidades específicos a escala barrial y local, es el conjunto de intervenciones mayormente llevadas a cabo por actores sociales, organizaciones no gubernamentales y la comunidad afectada, y cuya implementación es posible de ser formalizada por los gobiernos. Es un proceso denominado “bottom-up”, entendido como lo que no surge desde la autoridad política. Ejemplo son las huertas urbanas realizadas por los vecinos de manera sistemática para fomentar la producción de alimentos, el contacto con el verde y la reducción de consumo energético del transporte.

La estrategia global, la más compleja, la que debe absorber a las dos primeras y la que aun lleva en sí misma la idea casi olvidada de la planificación, es definida y estudiada desde las grandes organizaciones mundiales pero implementada a escalas diversas. El modelo de un nuevo tipo de ciudad, compacta, inclusiva y conectada, se eleva como la solución más apta a un planeta cada vez más habitado y urbano (no por eso urbanizado) con posibilidades para todos, incluyendo el medio ambiente. La ciudad como ecosistema en donde el hombre no es el único protagonista y modificador pero cuyas acciones se saben de consecuencias profundas.

Tal vez, como seres creativos y destructivos, teníamos que llegar a atestiguar los efectos que la naturaleza puede producir en las ciudades. El tiempo de verlo es el presente; los tiempos de la naturaleza son otros, lentos e imperceptibles, hasta que se hacen evidentes y transformadores. Ahora es la ciudad la que debe ser resiliente, y con ella sus habitantes, que solo viven si ella sobrevive; ahora la comunidad reemplaza, con sus tácticas, al laboratorio urbano académico y gubernamental; ahora la estrategia global es un nuevo modelo de ciudad cuya adaptación al que ya existe será un proceso largo. Ahora, la ciudad.

Fuente: Nota de Suplemento ARQ de Clarín.
POR JIMENA MARTIGNONI
http://arq.clarin.com/urbano/Resiliencia-tactica-estrategia-cambio-climatico_0_1389461545.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario